Sunday, June 27, 2010

Arturo Lopez-Levy: “El diálogo Cuba-Iglesia logró lo que la presión no consiguió”

Here's a provocative interview with Arturo Lopez-Levy just published in La Jornada. Lopez-Levy, an old friend, was one of three Cuban-American participants in the dialogues sponsored last week in Havana as part of Catholic Social Week.


Photo by Gerardo Arreola

By Gerardo Arreola, La Jornada.
La Habana, Viernes, 25 de junio de 2010.

El diálogo entre la Iglesia católica y el gobierno de Cuba ha desatado una dinámica "entre actores nacionales", que está "logrando lo que ninguna presión internacional logró", afirmó Arturo López-Levy, cubano emigrado a Estados Unidos y profesor e investigador de la Universidad de Denver.

En el gobierno y en la sociedad civil de la isla "hay un sentimiento antintervencionista, dentro del cual deben ocurrir los cambios", agregó López-Levy, en una entrevista con La Jornada. "Éste es un mensaje que, por ejemplo, sería muy importante para la Unión Europea. Yo creo que países como la República Checa deberían pasar un tiempo de conversación con el cardenal (Jaime) Ortega".

Graduado en 1992 en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa (la academia diplomática cubana), López-Levy se fue de la isla en 2001. En Estados Unidos ha sido becario del Diálogo Interamericano y del Centro Carter. Es de religión judía, se define como socialdemócrata y prepara el doctorado en Denver.

Ganador del concurso anual de ensayo de la no gubernamental Academia Diplomática de Estados Unidos, en 2005, López-Levy fue uno de los ponentes en la Semana Social Católica, que concluyó el sábado pasado.

–Usted participó en una mesa sobre reconciliación. ¿Cómo se entiende ese concepto en Cuba?

–No es un tema único de Cuba. Hay fracturas importantes en el tejido social cubano, hay posiciones políticas encontradas. Obviamente hay conflictos que son antagónicos y que es muy difícil de reconciliar, pero hay la posibilidad de aminorarlos, de manejarlos de una manera más civilizada. En otros casos se trata de repensar el consenso y la forma de gobernabilidad en Cuba, de manera que la pluralidad existente pueda ser reflejada. Creo que es una agenda posible de reconciliación, siempre que se entienda como proceso.

"Nadie está hablando de una maduración total" del debate en Cuba, pero hay voluntad "desde la Iglesia católica y otros sectores por empezar a reflexionar", agregó el especialista.

–¿Cómo se observa el tema desde las distintas expresiones de la emigración?

–En la emigración hay un arco de opiniones, pero hay un sector que, sin apoyar necesariamente el modelo político actual en Cuba, prefiere métodos pacíficos de diálogo, tanto con las autoridades cubanas como con la sociedad. En temas como la reforma económica o la liberalización de derechos de viaje, creo que hay espacios dentro de la emigración que reconocerían con gran interés actos de ese corte por parte del gobierno cubano y que no necesariamente tienen una actitud maximalista de todo o nada.

López-Levy cita como ejemplo una eventual entrada de capitales de cubanos radicados en Estados Unidos, mediante empresas mixtas con el gobierno o particulares de la isla, "respetuosa de la idea del Estado de bienestar, donde se mantengan (como servicio público) la salud, la educación, en lo que hay un consenso aquí".

–Una de las decisiones de Estados Unidos que más irrita al gobierno de Cuba es que haya un plan de "ayuda a la democracia", que incluye partidas presupuestales para la oposición en la isla. ¿Qué futuro tiene esta política?

–Ese programa está en discusión. El senador John Kerry ha cuestionado su viabilidad e implementación. Ese programa ha tenido más cuestionamientos que la mayoría de los programas de ayuda a la promoción democrática de Estados Unidos. Creo que está emergiendo un consenso de que lo mejor que puede hacer Estados Unidos para promover la realización progresiva de los derechos humanos es dar el ejemplo y practicar esos derechos en su totalidad. Por ejemplo, en el caso de la libertad de viaje, eliminar la prohibición (de viajar a Cuba). También sería conveniente que muchos de esos fondos que se han utilizado para la hostilidad, se usen para promover formas legítimas de interacción, que tienen impacto en la liberalización y la ampliación de las miras y posiciones dentro de Cuba.

–¿Por ejemplo?

–Programas educativos, que permitan a cualquier cubano aplicar e ir a Estados Unidos a estudiar y regresar a Cuba; o concebir diálogos sobre derechos humanos, incluso con el gobierno y las diferentes partes de la sociedad civil, incluida la Iglesia y las comunidades religiosas, con un tono respetuoso, distinta de la política de "cambio de régimen".

–Muchos gobiernos en Europa y América Latina dudan sobre cómo actuar hacia Cuba: acercarse, presionar, dialogar... ¿Cuál cree que sería la mejor política?

–Lo más importante es ser receptivo a las dinámicas internas. Han pasado dos cosas recientes, que me parecen interesantes. La primera, la carta que algunos sectores de la oposición han enviado pidiendo al Congreso (estadunidense) repensar su posición en torno a la prohibición de viajar y las ventas de alimentos a la isla. Ese es un actor interno, que desde cualquier perspectiva no puede ser acusado de estar actuando bajo presión o como agente del gobierno ni mucho menos. Es un desarrollo interesante, que los gobiernos de Europa y de Estados Unidos deben escuchar.

Autoridad moral y religiosa

Añade: "La segunda dinámica es que hay una actividad de la Iglesia católica, que es una de las instituciones con más independencia en la sociedad civil, y que está tratando de promover un mejor ambiente, incluida la liberación y el mejoramiento de las condiciones carcelarias de los presos de la primavera de 2003.

"En este caso, creo que los responsables de los gobiernos de Estados Unidos y de la comunidad internacional deberían escuchar un poco lo que dice la Iglesia sobre la forma de ayudar a este proceso y ver la forma en que esta dinámica, entre actores nacionales, está logrando lo que ninguna presión internacional logró.

"Esto es muy importante, porque entre cubanos –con el desarrollo de una importante conciencia y cultura, que cruza desde el gobierno hasta sectores importantes de la oposición y de la sociedad civil–, hay un sentimiento antintervencionista, dentro del cual deben ocurrir los cambios: según nuestra lógica interna, respondiendo a las demandas de los sectores domésticos y no a las presiones internacionales.

"Éste es un mensaje que, por ejemplo, sería muy importante para la Unión Europea. Yo creo que países como República Checa deberían pasar un tiempo de conversación con el cardenal Ortega".

–¿Y en América Latina?

–También deberían hacerlo algunos sectores en América Latina, pero el problema mayor yo creo que está en Estados Unidos y en Europa. Cuba es un país que ha iniciado procesos de liberalización y de transición a un modelo diferente, que yo estimo que va a abrir nuevas dinámicas.

"Quien quiera que piense que si ocurren cambios económicos en Cuba, y de liberalización de áreas como los derechos de viaje, no habrá otras aperturas políticas como resultado, yo creo que está equivocado, esté en el gobierno cubano o se encuentre en la oposición, o donde esté".

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